Gonzalo Golpe, el maestro del fotolibro: “Me interesan sobre todo los autores con conflicto”

“El arte no es bueno o malo: se trata de que te conmueva”

Vienen a saludarle varias veces durante la entrevista. Editores, autores, alumnos. Estamos en una exposición de fotos en Madrid comisariada por un amigo, donde expone otro. El tejido independiente es así: se trenza con sinergias, amor a la cultura y muchas ganas. Gonzalo Golpe, editor de fotolibros, comisario y profesor, está acostumbrado a ver arte, a analizar la coherencia de las propuestas, a poner el bisturí en cómo sacar el máximo partido posible al talento. Esa es precisamente su labor principal en Art Photo Barcelona: seleccionar las fotos con mayor potencial.

¿Cómo explicarías tu función en APB?
Digamos que soy un editor, uno muy sistémico además. Analizo la coherencia de los trabajos, es decir, que sean lo más eficaces posibles. También veo si entre la fundamentación que expone el autor y el contenido hay o no redundancias, si es pertinente, si es coherente y si es eficaz. Yo no trabajo con ‘bueno’ o ‘malo’, son categorías morales a las que estamos demasiado acostumbrados en el arte. Yo me fijo en si te conmueve o no. Intento desactivar ese modo de pensar que luego trae interpretaciones erróneas. La autoridad está en el autor, que viene de ‘autoritas’. Trato de que el autor se haga responsable de su trabajo y le ayudo a compartirlo después con los otros del mejor modo posible.

La idea es ver más allá…
Algo así, me encargo del visionado un poco más técnico. También hago un análisis sobre el soporte que ha elegido para mostrar su trabajo, la calidad de las copias, si están bien elegidos los tamaños…

¿En qué te fijas?
Observo en torno a tres ejes. Ver por qué has elegido este tema: ideas. También analizo la intención con la que lo has llevado a tu terreno: emoción, por qué te conmueve. Y, por último, el desarrollo: cómo lo has llevado a cabo (tamaño, materiales, etc…).

Un problema recurrente en los visionados es…
En el mundo de la fotografía, quizá porque es una disciplina joven, el autor no se da cuenta de que está produciendo para otros en lugar de para sí mismo. Tiene que tener un conflicto, una intención. Hay un componente muy psicológico que es la base y tiene que estar, yo trabajo sobre eso.

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¿Cómo es tu labor de editor de fotolibros?
Soy un editor sin sello. Es decir, no soy publicador. Estoy más en la calle, de forma independiente. Puedo estar haciendo autoediciones, o trabajando con grandes sellos o con independientes en el mundo de los libros. Pero no estoy atado al papel, también soy comisario de exposiciones.

¿Por qué un fotógrafo quiere hacer un libro?
Por muchas razones, pero al final es importante la independencia que el libro proporciona al autor. No deja de ser la presentación de un diálogo entre el autor y el lector… que se salva del tiempo y el espacio. Lo puedes leer en cualquier lugar y puede hacer sido creado hace siglos. Ese núcleo de intimidad también me interesa mucho: recuperar esa intimidad y proteger el pudor.

¿Proteger el pudor?
Enseñamos demasiado y demasiado rápido. Nos hemos vuelto una sociedad exhibicionista. Si el autor está enfrentándose a un conflicto, necesita un tiempo para su espacio creativo, para verlo y hacer algo con ello. Y no se hace. Aparecen continuamente los ‘work in progress’ y la dictadura de los ‘likes’. Le está haciendo mucho daño a ese núcleo de intimidad creativa que debe tener el autor. Por eso me interesan los libros, porque lo protegen.

¿Qué tal se llevan la palabra y la imagen?
Tienen una relación muy tensa. Ten en cuenta que la fotografía no es un lenguaje, solo generan efectos, y la palabra sí. No podemos aspirar a que la foto funcione como la palabra, como un lenguaje, porque no lo es. Lo que suele pasar es que el texto ilustra a la fotografía y eso no está bien, debería darte cosas que no te da la foto.

¿Por ejemplo?
Puede elevarte la imagen, hacer que trascienda… pero también llevarla muy a tierra y generar un campo común o cierta pauta emocional. En un libro, las citas deberían sintetizan el trabajo y darte, a la vez, una pauta emocional para entenderlo. Pero ojo con acotar demasiado y no dejar espacio: estaríamos robando su potencial connotativo y hacerla puramente denotativa. Un texto debería ser una brújula, no una píldora exacta.

¿Cómo es un buen fotolibro?
No hablo de bueno o malo tampoco en libros. Pero debería responder a los intereses del autor y ser lo más eficiente de acuerdo al dispositivo. Que el autor entienda cómo funcionan los libros, sepa lo quiere transmitir y lo haga de la forma más eficiente posible para que no haya redundancias. Debe aspirar a decir lo máximo con lo mínimo.

¿Cuántas hojas debería tener?
La media está entre 40-60 imágenes. Pero puede haber 1000 ó 8. Depende de lo que pida el trabajo, no hay reglas escritas. El sistema y el lector sí, querrán seguramente que ese libro se comporte de forma similar a los grandes hits: ahora mismo se lleva tapa dura y formato grande.

¿Queremos ser artistas?
Sí, desde luego. Pero yo trabajo con autores, no con artistas. No entiendo qué es ser artista. Siempre desde el respeto, pero muchas veces me parece una memez.

¿Qué es ser artista?
Ni idea, ya te digo, pero lo de convertirlo en una carrera es algo con lo que no comulgo. Yo trabajo con autores, sentimientos y sus conflictos.

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